Estoy frente al vaso de leche de todas las mañanas.
El día, mi día, está por empezar,
(y sólo es su razón, un tímido reflejo).
Observo mis manos, mis pies,
mi voluntad.
Ay! mi voluntad...
Buenas noches.
Mañana (es posible) será otro día.
Y lo fue,
sólo que el vaso de leche
permanecía todavía impertérrito
en su mismo lugar,
un día,
y otro,
y otro,
y otro… día.
No dejes que se te escapen... ya es hora de ir mojando la magdalena.
ResponderEliminarAmigo Tao-ré, yo soy más de galletas. Pero gracias por el consejo.
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