
Ahora,
son los cables de cobre
los que hilvanan nuestro cerebro
para así, no dejar opción a la libertad,
ya que, como todo el mundo conoce, nuestra educación está en caída libre en el precipicio
sin nada que nos pueda sujetar frente al temible vacío.
Y todavía me preguntáis para qué sirve educar?
Vuelve a leer estas palabras, compañero,
y deshazte del cobre,
que todavía te puede estrangular.
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