
… a mario benedetti,
por todo lo aprendido
Después de finalizar el último acto del día, se dispuso a regresar a su casa, mascando un cierto sentimiento, mezcla de cansancio y resignación. Al llegar, cerró la puerta tras de sí y sintió el sonido vacío que eclosionaba en sus propios oídos. De nuevo, la soledad, que tanto le incomodaba, le recibía con los brazos abiertos, cual madre acoge a un hijo.
A continuación, sin más demora, se plantó frente al teclado de su computadora e inició parte del relato de su vida. Esta historia.
"Era aún muy pequeño cuando empecé a sentir la necesidad de verme arropado siempre por una gran multitud. Me inicié temprano en la escuela, donde el cargo de delegado era, generalmente, mío, y así continué, posteriormente en el instituto consiguiendo convertirme, incluso, en alguien popular.
Al llegar a la universidad cursé la carrera de derecho que no finalicé (aunque tampoco estaba en mis planes). Sin embargo, sí conseguí alzarme como representante del alumnado universitario, cosa que me hizo especial ilusión, y más aún, cuando este cargo me valió para entrar en las nuevas generaciones de uno de los partidos políticos que frecuentaba por entonces. Evidentemente, no hace falta decir que llegué al puesto de pilotaje más alto. La vida me sonreía y yo sonreía más que ella.
Años más tarde, me propusieron liderar dicho partido, ya escindido por entonces. Yo, evidentemente, acepté de forma casi compulsiva (¡era ya líder!). Desde entonces, han sido muchos los cargos que han recaído en mí, todos ellos de enorme relevancia y que me han empleado, por supuesto, tanto el día como la noche.
Como ya habréis observado, mi vida siempre se ha desenvuelto entre un gran baño de masas, lejos del hastío de la soledad que tanto me incomoda. De hecho, si lo pienso, sólo me ha faltado ser presidente de mi escalera de vecinos…, bueno, en realidad, lo confieso, en algún momento también lo pretendí.
Ahora que siento que ya me llega el final, me paro a pensar qué último regalo me ofrecerá mi dichosa vida. Estoy seguro, que va a ser un final grandioso, con mucha pompa y ceremonial. En realidad, siempre he soñado en que mi último adiós ocurriera precisamente en el momento en el que empezaran a atronar los vítores lanzados hacia mi persona sobre el estrado de cualquier acto multitudinario.
Sí, estoy seguro que la vida no me va a defraudar y me sonreirá en mi último deseo. "
Con esta sincera esperanza y convencido de lo que había dejado escrito, miró por la ventana, y observó como hasta la luna le guiñaba un ojo. Se levantó, no sin antes perfilar un gesto complaciente en la comisura de sus labios. A continuación, acercó la silla al escritorio y dio media vuelta. Fue justo en ese instante cuando un horrible y frío pinchazo surcó todo su cuerpo. Cayó súbitamente sobre su sombra. Y como despedida final, tan sólo, un golpe seco en el suelo.
La vida, ahora sí, era evidente, se había guardado la última sonrisa para poner el punto definitivo a esta historia. Su historia.
Un buen relato que ejemplifica el espíritu de los triunfadores de nuestra época... o tal vez de todos los tiempos. Siempre está el punto final que precipita todo al vacío. Hay quien tiene la suerte de recibir avisos, para enderezar el rumbo que lo salve del extravío, pero el hombre ambicioso, el "diputado universal", es un animal, no diré irracional, sino más bien desalmado.
ResponderEliminarYo añadiría que es un egoísta con necesidades multitudinarias. Vaya paradoja.
EliminarUna vez un monje hablaba con su discípulo sobre la riqueza y la fama, y dijo:
ResponderEliminar"Es más fácil librarse del deseo de dinero que librarse del deseo de fama. Hasta los estudiosos y los monjes retirados quieren distinguirse y ser bien conocidos entre los suyos. Quieren pronunciar discursos públicos ante grandes auditorios y no retirarse a un pequeño monasterio para hablar a un solo discípulo, como estamos tú y yo ahora."
El discípulo respondió:
"Por cierto, maestro, usted es el único hombre en el mundo que ha vencido el deseo de fama."
Y el maestro sonrió.
Tal vez se trate de un tema puramente biológico. Nos tenemos que hacer ver, si queremos que nuestros genes se propaguen, y para ello no hay mejor mecanismo que la fama, la riqueza y el poder.
Es muy probable amigo Tao-ré, aunque todavía hay gente que busca permanecer en las tinieblas gran parte del día.
Eliminar¡¿Lo decís por mí?! ¡Malditos! ¡Al menos tened las agallas de admitirlo! ¡Sé que lo decís por mí!... ¡Cobardes!
ResponderEliminarSoy cobarde hasta para revelarte mi nombre. Aunque, realmente, un nombre siempre encubre una verdadera identidad.
EliminarMe conocerás si atiendes aquello que escribo.